Buenas noches o tardes o días queridos comunitarios, estamos en verano y en época de vacaciones, así que algunos comunitarios cogimos el coche y nos dirigimos hacia el norte de España, a la aventura completa, sin reservar nada ni siquiera decidir hacia donde ir exactamente. Solo teníamos claro que queríamos alguna zona fresca de España pues en Murcia estábamos asándonos de calor.

Pusimos en el GPS rumbo a Santiago de Compostela y luego iríamos viendo. A la hora de la comida nos pilló por tierras de Ávila, así que nos zampamos un riquísimo chuletón de Ávila. Conforme nos íbamos acercando decidimos llegar hasta Santiago y buscar alojamiento para pasar la noche. Cenamos cerca de la Plaza del Obradoiro, una rica parrillada de pescado y pulpo a la gallega. Dormimos en Santiago para descansar el largo viaje.

Al día siguiente partimos por la nacional por tierras gallegas, recorriendo los pueblos de la zona y parando en los que más nos llamaron la atención. Nuestro siguiente destino fue también totalmente improvisado, al atardecer estábamos a unos kilómetros de Cangas de Onís y, dado que por allí están los famosos lagos Ercina y Enol (más conocidos como Lagos de Covadonga), decidimos buscar alojamiento.

Llevábamos nuestras bicicletas en un portabicicletas de bola, por lo que podíamos permitirnos el lujo de hacer alguna ruta por donde estimáramos oportuno. Optamos por empezar en Cangas de Onís y realizar el ascenso hasta los lagos. Nos costó mucho buscar alojamiento, el domingo siguiente se celebraba el famoso descenso del Sella en canoa, así que estaba casi todo lleno. Afortunadamente encontramos una habitación en un hostal, fruto de la cancelación de otro huésped.

Nos dirigimos hacia Cangas de Onís, descargamos maletas, cenamos por allí el típico lacón con cachelos, quesos asturianos y todo ello regado con sidra asturiana escanciada en directo por el camarero.

A la mañana siguiente, viernes día 4 de agosto de 2017, preparamos las bicicletas, desayunamos unos bocadillos de tortilla, pedimos unos bocadillos de jamón para llevar, llenamos los bidones, limpiamos y engrasamos las cadenas de las bicicletas y partimos hacia los Lagos de Covadonga, sin GPS, sin saber a ciencia cierta ni cómo era la subida ni por dónde.

Subimos y cruzamos el famoso puente romano de Cangas de Onís, nos echamos unas fotos, preguntamos en la zona a los lugareños, nos señalaron hacia dónde iniciar la ruta y partimos sin más dilación. Los primeros 5 km eran más o menos llanos, con una leve pendiente de subida pero apenas perceptible.

Un poco antes de llegar al pueblo de Covadonga la pendiente empezó a aumentar, pero muy poco, con pendientes de no más del 6%. A partir del pueblo pasamos a pendientes del 10%, seguían siendo llevaderas y nos venían bien para ir calentando las piernas.

Vimos las indicaciones del Santuario de la Virgen de Covadonga y nos dirigimos hacia allí para ver el lugar. Aparcamos las bicicletas y subimos las escaleras hasta el Santuario. Luego nos dirigimos hacia la catedral o basílica. Al subir la comunitaria Patricia anunció la cruda realidad típica de los comunitarios, pinchazo en su rueda delantera. Paramos a repararlo, con cierto miedo pues no llevábamos más cámaras ni parches ni nada para reparar otro pinchazo, así que no nos quedó otra que jugárnosla.

Subimos hasta la basílica, nos echamos unas fotos con la estatua de Pelayo y descendimos para coger la carretera hacia los Lagos de Covadonga. A partir de a aquí prohíben la subida a los vehículos particulares, sólo los autorizados y los autobuses gigantes y molestos.

Subimos pasando entre los pivotes y nos encontramos con rampas más duras, del 14%, donde empezamos a sudar la gota gorda. Hacía una buena temperatura, algo de calor pero con la sombra de los árboles se hacía bastante llevadera.

Mientras admirábamos los fantásticos paisajes de los Picos de Europa, vimos una familia de jabalíes, la hembra y sus hijos jabatos. Por supuesto paramos a grabarlos y a admirarlos, era la primera vez que habíamos visto en ruta jabalíes.

Seguimos subiendo y empezaron a bajar y a subir los molestos autobuses gigantes que apenas cabían en la carretera, de hecho lleveban unos walkie-talkies para ir comunicándose entre ellos y parar unos y otros en las curvas pues no cabían los que subían con los que bajaban. MUY molestos y desagradabkles, algunos irrespetuosos con los ciclistas que subían apenas les dejaban un espacio, uno de ellos casi rozó el manillar de mi bicicleta. Los había más pequeños, que no molestaban y cabían los que bajaban con los que subían. Pero el ser humano es así de avaricioso y nunca se conforma con poco, siempre más. Autobuses de 60 plazas casi vacíos ¡Una pena!

Volviendo a la ruta y quitando a los molestos autobuses de mi mente, centrándome en el ascenso y en los paisajes, sólo decir que merece la pena hacerlo aunque sea una vez en la vida (quién se vea capaz de hacer unos 20 km de ascenso acumulando unos 2.000 metros de desnivel). Obviando los molestos, ruidosos, contaminantes e irrespetuosos autobuses gigantes todo lo demás merece la pena.

Paramos en mitad de la subida más o menos, más que a descansar un poco a admirar las vistas, sin palabras, todo verde, todo espectacular, paisajes a los que no estamos acostumbrados. Con muchas vacas por las inmediaciones y autobuses gigantes y molestos en un continuo sube y baja.

En mitad de la subida vienen las rampas más duras, de más del 20%, aunque cortas y amenizadas con las vacas que andan por mitad de la carretera ajenas a nosotros e incluso a los autobuses gigantes, ruidosos y contaminantes. Las vacas se dejan tocar incluso, acostumbradas al trasiego de gente por la zona.

Y seguimos con la subida, curvas para acá, curvas para allá y cuanto más subíamos más magníficas eran las vistas y más autobuses gigantes e irrespetuosos se veían ir y venir, mezclados entre autobuses más pequeños y algún que otro turismo.

Había también ciclistas que hacían el ascenso, algunos la primera vez nos preguntaban a nosotros si sabíamos lo que faltaba, les decíamos que en kilómetros sí pero no en dificultad. Algunos se bajaban de la bici exhaustos, otros pasaban a nuestro lado quitándonos las pegatinas, siempre hay de todo en la viña del Señor.

La sombra desapareció y el sol fue implacable, nos quemó bien, nos dio bien, quedamos expuestos a su merced. El agua empezaba a acabarse. Según un cartel que vimos en Covadonga que decía “12 km a los lagos” faltaban unos 2 km.

Volvimos a parar a admirar los prados verdes con las vacas y las ovejas pastando tranquilamente. También parábamos a dejar pasar los autobuses gigantes respetuosos (que los había) y no adelantaban a los ciclistas si el paso era estrecho o había curvas. Como veis trato de obviar y olvidar a los autobuses gigantes pero me es imposible, formaron parte importante y molesta de la subida y no me queda otra que contároslo.

Una curva más, una pequeña rampa, un poco de llano y… el lago Enol, el primero que se ve, majestuoso, espectacular, acogedor, entre la montaña y entre los prados verdes ¡Fantástico! Aquí nos apartamos a una orilla a dejar pasar a un par de autobuses gigantes y molestos más y nos olvidamos de ellos por unos minutos, nos quedamos aguantando la respiración sin darnos cuenta ¡Impresionante! Incluso pasó otro autobús gigante por detrás y apenas molestó.

Bajamos hacia el lago por carretera, había vacas por todos lados. Paramos a echarnos unas fotos, había también mucha gente, muchísima, por todos lados, casi como las vacas.

Subimos a un bar que hay en la zona a comprar agua, saludamos a una vaca que había en la sombra de un árbol junto al bar y subimos otro poco hasta el siguiente lago, el Ercina. Llegamos a él y paramos unos minutos arriba para admirarlo, igual de espectacular que el anterior, creo recordar que un poco más grande, pero podría ser un recuerdo erróneo dado que había mucha más gente que abajo y no se veía sendero de entrada, por lo que nos pusimos un poco nerviosos.

Finalmente vimos que todo el mundo andaba por cualquier sitio. Intentamos averiguar por dónde iba el sendero y bajamos hacia el lago. Al llegar vimos otra senda que sería posiblemente de las vacas, aplicada por el trasiego de los turistas. La cogimos, al principio era ciclable pero luego unas piedras impedían seguir montados. Nos bajamos de las bicicletas e hicimos lo que el resto: andar.

No es un sendero muy largo, de un kilómetro a lo sumo, que llega hasta la mitad del lago. Dejamos las bicicletas al final y buscamos una sombra para comernos el bocadillo de jamón y beber agua fresca. En la comida observábamos las vacas, había incluso un toro en época de celo.

Cuando íbamos a bajar vimos cómo otra vaca venía por el mismo sendero por el que vinimos nosotros, confirmando que era su camino y no el nuestro. Dicha vaca empezó a mugir fuerte, nos asustamos un poco incluso estando a unos cuatro metros por encima. Miramos al otro lado y vimos un ternerillo que seguramente sería su hijo acercarse. De repente la vaca paró y el ternerillo se enganchó en sus ubres, confirmando que sería su hijo y le tocaba comer.

Tras el espectáculo de la naturaleza tomamos camino de regreso, empezaba a hacerse tarde y unas nubes amenazaban en el horizonte. Desandamos lo andando y fuimos regresando por donde vinimos.

Al ascender la carretera del lago Enol optamos por bajar por el camino que va a su lecho. Rodamos unos kilómetros más por este camino al ver que era perfectamente ciclable. Más vacas pastaban por la zona, muy rocosa e igualmente espectacular que el resto.

Nos dimos la vuelta al dudar si el camino iría hacia Covadonga, no era momento de investigación. Tomamos la carretera y fuimos descendiendo hacia Covadonga. Se nos hacía muy tarde para comer, así que paramos antes de llegar a Cangas de Onís. Estábamos en Asturias así que pedimos una fabada asturiana.

Regresamos a Cangas de Onís con 54 km y unos 2.000 metros de desnivel acumulado subiendo. Una ruta recomendable por los paisajes increíbles que nos brindan los Picos de Europa y estos dos lagos. Siempre obviando y olvidándonos de los autobuses gigantes, contaminantes, irrespetuosos (no todos, sólo algunos) y molestos.

Y el viaje por tierras del norte de España continuará, pero será en otra crónica…

De vuestro comunitario presidente Alonso.

  • Fotos de la ruta MTB Lagos de Covadonga: