El calor estival va amainando en la comarca de Huéscar, los atardeceres se vuelven rojizos y las noches frescas. Ahora hace 2 años que algo resurge del desierto de Galera, el Titán del Desierto ha despertado, ha puesto a todo un pueblo en alerta y ha desafiado a los más valientes guerreros.

Siendo así que cientos de aguerridos guerreros llegados desde los más recónditos lugares de la comarca, del reino o incluso de otros reinos, se dieron cita en este pueblo para enfrentarse al Titán.

Soy el comunitario Paquito206 y ahora os relataré mi historia con el Titán…

Unos meses antes, en la comarca de Fortuna

En previsión del despertar del Titán, emisarios de Galera comenzaron con la búsqueda de los más valientes guerreros, con carteles, representaciones de la gesta del año anterior y contacto directo con estos. Empezó la selección. Entre ellos estaba yo, «El Azote de los Pros».

En un principio rechacé aventurarme en esta empresa, puesto que mi cabeza y mi cuerpo no estaban preparados para tal gesta, aún no disponía de mi nueva arma, La Fusta, ya que los forjadores se retrasaban en su entrega, por otro lado estaba retirado de la batalla, y solo me dedicaba a pequeñas escaramuzas entre los compañeros de mi clan, para mantener el cuerpo activo.

Unos meses antes, en la comarca de Fortuna

Un par de meses más tarde, a principios de la época estival, un giro fortuito de mi suerte hizo que me replanteara la idea de enfrentarme al Titán. Mis forjadores me entregaron un arma aún mejor de la que había encargado y una nueva e increíble compañera de aventuras entró en mi vida, Raquel, que ya había confirmado su participación en la lucha contra el Titán. Así que, el conjunto de estos acontecimientos, fue la chispa que prendió mi espíritu guerrero.

Hacia el desierto, preparando la batalla contra el Titán

Llegó la fecha del despertar del Titán, la guerrera Raquel y yo partimos dos días antes hacia Galera, con nuestras armas preparadas y los equipajes listos. Cruzamos montañas, valles y ríos. Pasamos por diferentes pueblos y, por fin, llegamos al desierto. Nos instalamos en una acogedora morada donde prepararíamos nuestro plan de ataque y donde descansaríamos antes y después de la batalla.

Hacia el desierto, preparando la batalla contra el Titán

Aprovechamos la tarde del viernes para recoger los pertrechos que nos ayudarían a enfrentarnos al Titán. Inspeccionamos la zona y el pueblo, para antes y después de la batalla, siempre hay que estar preparados para los devenires del futuro. Nos proveímos de víveres. Preguntamos a los lugareños para informarnos de mercados y otros lugares, muy amablemente nos los indicaron.

Compramos y seguimos socializando con las gentes del lugar. Al ser forasteros dieron por sentado que éramos parte del grupo de guerreros que se enfrentarían al Titán. Nos hablaron de los peligros que nos esperaban, nos contaron numerosas leyendas. Nos decían que tras el primer despertar del Titán muchos guerreros cayeron. Nos relataban la dura la batalla de aquel entonces y la que nos esperaba. Raquel empezaba a recelar pero, sabiendo de sus capacidades, la tranquilizaba. En el pasado, como gran guerrero, participé en grandes gestas como esta y más o menos me hacía una idea de lo que nos podíamos encontrar.

Hacia el desierto, preparando la batalla contra el Titán

Buscamos una taberna donde saciar nuestra sed y relajarnos un poco antes de dormir. Nos dirigimos hacia nuestra morada caminando bajo un manto de estrellas. Estuvimos un rato observándolas y pedimos la ayuda de los dioses. Dormimos plácidamente y descansamos, con la idea de, al día siguiente, inspeccionar los alrededores para ir haciéndonos con el terreno, donde nos esperaba el Titán.

Al día siguiente nos levantamos, nos pusimos unos de nuestros atuendos de batalla, tomamos fuerzas y preparamos nuestras armas. Partimos a media mañana sin un rumbo fijo, el sol ya castigaba sobre el duro desierto, los paisajes eran bellos a pesar de esconder grandes peligros y el destino, caprichoso, nos llevó hacia una de las trampas más duras que el Titan tenía preparada para acabar con los valientes que se enfrentarían a él, justo ahí fuimos recibidos por parte de los encargados de guiarnos en el camino de nuestra lucha, nos mostraron de primera mano , lo que se conoce como la uña rota, donde un arañazo del Titan podía acabar con todas tus esperanzas. También nos guiaron para que siguiéramos viendo más zonas del campo de batalla y así hicimos por la parte final dejando algo para el día de la batalla.

Hacia el desierto, preparando la batalla contra el Titán

Así llegamos hasta el pueblo y hasta el puente donde acabaría nuestra lucha el próximo día, nos acercamos de nuevo a la zona de recepción de los guerreros donde dejaríamos constancia de nuestra participación para ser incluidos en la historia, tanto si resultábamos victoriosos como si caíamos en la batalla.

Volvimos a nuestra morada donde tomaríamos un baño en la poza de burbujas que dejaría nuestros cuerpos listos para la batalla. Tomamos unos víveres y descansamos hasta la tarde.

Hacia el desierto, preparando la batalla contra el Titán

Era el momento de revisar y preparar nuestras armas, también preparamos los víveres que llevaríamos a la batalla y las pócimas que usaríamos para afrontar la dureza del desierto.

Una vez todo preparado volvimos a pasear por el pueblo hacia la zona de recepción, donde nos encontraríamos con los guerreros que iban llegando, amigos y conocidos que también se enfrentarían al Titán. Charlamos y recordamos batallas, aventuras varias y vivencias pasadas.

Hacia el desierto, preparando la batalla contra el Titán

Entre estos amigos estaban los del clan del Kraken, que contaban con grandes guerreros vencedores en innumerables batallas. Una de las grandes guerreras que venció al Titán del Desierto de Marruecos, Ariadna Ródenas, también estaba por allí. Tras compartir un buen rato de charla nos dirigimos hacia otra taberna donde saciar nuestro apetito y sed. Nos fuimos pronto para descansar bien antes de la batalla decisiva del día siguiente.

La batalla contra el Titán

Llegó el gran día, un nuevo amanecer desencadenaba una nueva gesta. Los primeros rayos de sol iluminaban vagamente los rincones de nuestra morada. Nos poníamos en pie y empezábamos a prepararnos. Tomamos víveres, nos pusimos nuestros atuendos de batalla y cogimos nuestras armas. Partimos prestos hacia el centro del pueblo, desde la lejanía se escuchaban los sonidos que precedían a la batalla. Los guerreros iban agrupándose y, poco a poco, nos íbamos colocando en el lugar del comienzo.

Como en toda batalla primero saldría la infantería, un nutrido grupo de guerreros a pie (senderistas), tras ellos saldríamos nosotros, la caballería, el grueso del ejército (distancia larga). Y tras nosotros, la caballería ligera, que tomaría la avanzadilla (distancia corta). Por último saldría la caballería pesada (e-bikes).

La batalla contra el Titán

Mientras tanto, el trovador amenizaba la mañana con sus cantares y las gentes se aglomeraban para ver partir a los guerreros hacia su destino. Por fin llegó el momento y aquí Raquel y yo separamos nuestros caminos. Cada uno nos enfrentaríamos al Titán de tú a tú por diferentes flancos.

Comenzó la batalla y yo partí raudo y veloz a por el Titán, abriéndome paso entre otros guerreros. Sintiendo el clamor del pueblo avancé pronto, el camino empezaba duro aunque amplio, lo que me permitió ir colocándome poco a poco entre los guerreros más avezados. Me encontré con varios amigos en estos primeros compases, con los que compartí parte de la andadura.

El Titan intentó escapar de mis garras llevándome al grueso del desierto en los primeros 10 km. Aunque pude retenerlo porque las fuerzas aún estaban intactas. A pesar de encontrarme en el camino angostos y pedregosos senderos, los sorteé fácilmente.

La batalla contra el Titán

Volví a pasar por Galera nuevamente tras la estela del Titán y de los guerreros más rápidos. Podía ver como intentaban darle caza. Otra vez el camino se hacía duro y empinado, saliendo nuevamente hacia otra zona del desierto, en este caso el calor jugaría un papel importante. Los pequeños ataques de polvo del Titán, por momentos, hicieron que tuviese que frenar, pues eran tales que cegado resultaba difícil y peligroso avanzar a buen ritmo. Por suerte pude continuar mi camino, adentrándome en un sinuoso barranco que desembocaría en una larga subida. Aquí coincidí con la que hasta el momento era la guerrera más rápida. Compartimos gran parte del camino evitando los diferentes obstáculos que el Titán ponía a nuestro paso.

Fui viendo pequeños grupos de personas que se repartieron por el campo de batalla para atender las necesidades de los guerreros, valientes y honorables por su labor: aguadores, utilleros y demás ayudantes, muy importantes para apoyarlos en conseguir su objetivo.

La batalla contra el Titán

Por el kilómetro 48, y acompañado aún de la gran guerrera canaria, el Titán casi hace que no pudiéramos concluir con éxito nuestra empresa, confundiéndonos en el camino. Por suerte reaccioné rápido y conseguimos solucionar el entuerto.

Volví a nuestro camino sin más dilación. Ahora tocaba bajar en dirección al río y ya las fuerzas iban mermando. El ritmo de batalla era muy alto y no había relevos en el frente, cada cual tenía que luchar hasta acabar con el Titán.

Poco a poco estaba llegando a la zona donde el Titán tenía más peligro. Justo en este momento, me lanzó un ataque directo, en forma de rayo eléctrico, que por suerte pude esquivar, aunque momentáneamente. Esto hizo que tuviese que aflojar el ritmo. La gran guerrera canaria, que aún me acompañaba, me comentó que se enfrentaría a la temible uña rota del Titán, así que le dije que avanzara. En mi caso optaría por esquivarla. Particularmente no lo vi necesario, ya que podía perder más que ganar.

Pasado el tramo conflictivo, el anterior ataque, que creía no haberme hecho mucho daño, empezó a molestarme nuevamente, teniendo que pararme bajo la sombra de un árbol a tomar una de las pócimas que llevaba preparada a tal efecto. Descansé unos minutos y proseguí mi camino.

La batalla contra el Titán

Ya en el kilómetro 60 de la gesta, el Titán tenía tenía preparada una nueva subida para atacarnos. Estaba, según los lugareños, entre los primeros 50 guerreros que perseguían al Titán. A pesar de haber sufrido el ataque, mi moral seguía intacta, aún tenía ánimos para canturrear y bromear con mis compañeros guerreros y con los voluntarios que me encontraba.

La batalla contra el Titán

Con el ritmo mermado por la herida, estaba casi llegando de nuevo al pueblo, donde volví a sufrir otro ataque. Está vez me dio de lleno e hizo que tuviese que parar de inmediato. Intenté sobreponerme tomando más pócimas y masajeando la zona herida, pero los rayos eléctricos son difíciles de contener una vez te han alcanzado. Logré sobreponerme lo justo para continuar mi camino, llegando al pueblo. Las heridas cada vez eran más fuertes, pero el clamor del gentío hacía que se mitigase el dolor.

La batalla contra el Titán

Con los ánimos enardecidos continúe recorriendo los últimos kilómetros por el pueblo de Galera, solo quedaba la parte final, una dura subida hasta el lugar de culto, la ermita del cerro, donde una vez llegado estaría casi todo hecho. Pero cual fue mi sorpresa al llegar al lugar santo y comenzar la bajada que, recibí otro rayo, mucho más fuerte que los anteriores. Llegué incluso a temer por el éxito de mi empresa.

Dolorido pero exaltado por el ánimo de las gentes del lugar, podía oír como el trovador recibía a los guerreros que me precedían. Quería formar parte, costara lo que costara, de la historia de la batalla de Galera, así que, tras unos minutos de recuperación, saqué mis últimas fuerzas para continuar.

Reanudé la marcha, estaba a escasos escasos metros de finalizar la batalla, pensando cómo le iría a la guerrera Raquel, esperando que ella no hubiera tenido fuertes ataques del Titán. Recorrí estos últimos kilómetros agotando todas las fuerzas y llegué al puente, donde fui recibido con honores y aclamaciones, recompensado con el emblema del Titán.

La batalla contra el Titán

Así fue como logré vencer al Titán en un tiempo de 3h 39min, siendo el guerrero número 74º y 19º de mi batallón, el M-40.

Había terminado mi gesta y, mientras recuperaba fuerzas, compartía los momentos vividos con los amigos que habían terminado e iban llegando.

Ahora tocaba esperar a la guerrera Raquel, que también pudo vencer al Titán en un tiempo de 4h 19min, siendo la guerrera 156, 10ª entre las guerreras y 5ª de su batallón M-30.

La batalla contra el Titán

Con la batalla finalizada por nuestra parte, nos dirigimos al abrevadero, donde los lugareños y guerreros festejaban con un ágape la victoria contra el Titán.

Una vez allí todo eran momentos de júbilo y alegría que compartíamos entre amigos, disfrutando de un ambiente inmejorable.

La batalla contra el Titán

Y así fue como se desarrolló mi batalla contra el Titan, donde él Azote de los Pros resurgió de sus cenizas a manos de La Fusta, con la que se embarcará en nuevas aventuras y volverá a desafiar al Titán en su siguiente despertar…

De vuestro comunitario Paquito206.