Queridos comunitarios, partimos en nueva aventura comunitaria, en este caso de la mano del Hombre de Negro, guía de la ruta. Esta salida, la trazó en el mapa previamente, para pasarla al dispositivo GPS y poder seguirla. Por lo tanto, sería una ruta de ciclismo de montaña, con partes de investigación, de las que nos gustan en la Comunidad.

Partimos desde Molina de Segura (Murcia, España), con nuestras bicicletas de montaña preparadas (transmisión limpia y lubricada, frenos revisados, casco, gafas, guantes, agua, comida, etc.).

Como es habitual desde hace años, cuando salimos con el Hombre de Negro, callamos y pedaleamos tras su estela. En este caso, nos dijo antes de partir que iríamos al Cajal, a la sierra de Ricote y poco más.

Fuimos siguiéndolo, aguantando su alegre cadencia, recorriendo carreteras secundarias y terciarias, todas nuevas para nosotros. Nos adentramos en algún camino, que no tenía salida. En este momento me percaté de que el Hombre de Negro estaba haciendo investigación en algunos tramos de su ruta.

Pasamos por algún sendero, de forma totalmente improvisada, que nos llevó a la carretera por la que queríamos ir (quería ir el Hombre de Negro). Y al fondo empezamos a ver la parte de abajo de la sierra de Ricote, detrás del Cajal.

Cogimos la carretera del Cajal al mirador de Franco e iniciamos el ascenso por la pista forestal. En este punto, los comunitarios fliprós Patricia y Hombre de Negro se despidieron de mí, hasta el cruce, a unos 7 kilómetros, sabedores de que tardaría en llegar un buen rato.

Al principio de la ruta tenía bastante miedo, no me acaba de encontrar bien y llevaba una semana sin tocar la bici, más allá de un par de sesiones de rodillo de poca duración. Pero conforme fuimos haciendo kilómetros y, sobre todo, a partir del primer kilómetro de la subida del Cajal, tenía buenas sensaciones, me iba encontrando bien y decidí aumentar el ritmo. Además, conozco bien esta subida y sé que es suave, no tiene fuertes pendientes y se hace bastante rápida.

Fui comiendo sin hambre y bebiendo sin sed. Al menos cada hora más o menos. Otras veces me ha picado el pollo y el motivo principal fue la alimentación e hidratación durante la ruta, cuando son de más de 3 horas.

Cada vez me encontraba mejor, por lo que puede, de forma progresiva, aumentar el ritmo en cada kilómetro. Llegué al cruce, donde me estaban esperando los comunitarios fliprós. Sabía que había subido a buen ritmo y me lo confirmaron con un aplauso. Fue una señal inequívoca de que no llevaban mucho tiempo esperando.

Iniciamos el descenso hacia el albergue y la carretera, pensando que íbamos de regreso a casa. Pero nos aguardaba una nueva sorpresa por parte del Hombre de Negro…

Bajamos por los caminos de la parte trasera del embalse del Mayés, entre la sierra de Ricote y la sierra de la Muela del Mayés. En un principio creía que iríamos a subir por la cicatriz de la muela del Mayés 😨. Pero vi que el Hombre de Negro iba más bien por el centro de las dos montañas, en dirección la cola del embalse. Y así fue, cogimos un sendero que va por el lecho de la rambla que alimenta el embalse. Nunca había pasado por esta zona y me encantó. El terreno, en algunas partes, es pedregoso, con gravilla y tierra suelta y entre matorrales típicos de los humedales de la zona. Este terreno me apasiona y cuanto más difícil y técnico ¡mejor!.

Llegamos a la cola del embalse y cogimos el camino que lo bordea, para terminar de darle la vuelta y coger la carretera del transvase. Giramos a la izquierda para tomar otra pequeña sorpresa, La Prehistórica. Un sendero que baja de la sierra de la Muela del Mayés, cruza el transvase y continúa hacia abajo. Nosotros cogimos sólo la parte final, al otro lado del transvase.

Pasamos por donde el viento se llevó a Patricia hace unos años, en una ruta con nuestros queridos comunitarios Jinetes. Y pasamos también por donde a Patricia le dio un pajarón monumental, una picadura de pollo de película.

Llegamos a la carretera y emprendimos, ahora sí y sin más sorpresas, el camino de vuelta a casa. Regresamos más o menos por el mismo sitio por donde vinimos. Acabamos haciendo casi 60 kilómetros y casi 1.000 metros de desnivel acumulado.

Fantástica ruta, con aventura, exploración, diversión, risas y en la mejor de las compañías.

De vuestro comunitario presidente Alonso.