Hola queridos comunitarios, tercera ruta del viaje a Tenerife, en este caso de senderismo y como viene siendo habitual totalmente improvisada. Más que una crónica hoy os contaré una historia, uno de los mayores retos a los que nos hemos sometido en la historia de la Comunidad, sin olvidar la Mortal 2.0 de Comunidad Biker y el Camino de Santiago: el ascenso y descenso en el mismo día al cráter del Teide, a su punto más alto, a 3.718 metros de altitud, saliendo desde la Montaña Majua (cerca del teleférico).

Nos levantamos temprano en la mañana del miércoles día 5 de septiembre de 2018, con la idea de subir al Teide en el teleférico y dar un paseo por su cima, dado que vimos que para subir al cráter había que pedir un permiso en una web, era gratuito pero estaban agotadas las reservas para este día y para dos semanas después. Desayunamos tranquilamente en el Hotel la Casona del Patio, en Santiago del Teide.

Partimos con el coche a dejamos las bicicletas en Bike Point, donde las alquilamos. Fuimos a comprar una mochila y un par de litros de agua, unos cacahuetes, unas galletas y dos plátanos. Unas pequeñas provisiones por si andábamos más de lo esperado por la cima del Teide.

Subimos a la zona del teleférico en coche, una carretera en buen estado pero que se nos hizo algo larga. Llegamos tarde, había tráfico y muchos autobuses que subían a todos los rincones del Teide. Sobre las 11 dejamos el coche en el aparcamiento de abajo del teleférico y subimos andando.

Un par de horas atrás nos informaron en el Hotel la Casona del Patio que el teleférico estaba cerrado, pero subiendo al Teide vimos que había movimiento y el teleférico estaba subiendo y bajando, por lo que pensamos que lo habrían abierto al cambiar las condiciones climáticas o por el motivo que fuese. Así que nos acercamos a comprar un billete. Vimos mucha gente por lo que creímos que estaba abierto. Preguntamos y nos dijeron que estaba fuera de servicio.

vSendero 39 del Teide camino del Monte Blanco en paisaje volcánico Tenerife por Comunidad Biker MTB 2Sendero 39 del Teide camino del Monte Blanco en paisaje volcánico Tenerife por Comunidad Biker MTB

La gente que había por allí o bien estaba intentando recuperar el dinero de su ticket prepagado, o bien estaban como nosotros, probando suerte. Pero la realidad era que no había posibilidad de teleférico esta mañana. Nos quedaríamos sin subir al Teide ¡lástima!.

Sobre las 11 y algo estuvimos mirando los carteles y el mapa que hay en el parking del teleférico (abajo, en la carretera). Indicaba un sendero, el 37, que enlazaba con el sendero 7, el que subía al Teide. Vimos que el sendero 39 salía precisamente del parking. Estuvimos pensando qué hacer y optamos por subir hacia el Teide andando y llegar hasta donde pudiéramos.

Hicimos recuento de lo que llevábamos para el ascenso: agua (unos tres litros, repartidos en la mochila de la bicicleta y en mi mochila recién adquirida), un pequeño paquete de galletas, una bolsa pequeña de cacahuetes y dos plátanos. Cogimos las sudaderas comunitarias, puesto que a partir de cierta altura puede hacer frío, gorras para no quemarnos la cabeza y la cara (no tapaban el cuello) y gafas de sol.

Cogimos todo y empezamos la ruta, totalmente improvisada, sin saber por dónde ir, solo teníamos una pequeña idea basándonos en el cartel que habíamos visto anteriormente. Justo en el pie de la montaña Majua, a 150 metros de empezar la ruta, había un cruce de senderos, de tres creo recordar, que nos hicieron dudar: derecha hacia el parador (donde está la famosa piedra del billete de mil pesetas), centro hacia la cima de la Montaña Majua, o izquierda hacia el sendero 39. Decidimos coger esta última dirección.

Andamos por una senda muy bien delimitada por piedras volcánicas. Estaba limpia y era perfectamente practicable. Discurría por un paisaje volcánico excepcional, con vistas a las montañas del otro lado del Teide y también del pico del Teide. Pero nos preocupaba el hecho de que el sendero iba por la derecha de la carretera y el Teide quedaba a la izquierda, así que tarde o temprano tendríamos que cruzar la carretera.

En este punto nos dimos cuenta de nuestro error, teniendo en cuenta que partimos en ruta sobre las 11 (casi las 12), lo ideal era coger la subida al Teide más rápida (o más corta). Y como digo andábamos paralelos a la carretera pero por la derecha, incluso el sendero bajaba y serpenteaba y luego subía. El paisaje era muy bonito, pero nos alejaba de nuestro objetivo: subir un poco por la ladera del Teide.

Sendero 39 del Teide camino del Monte Blanco en paisaje volcánico Tenerife por Comunidad Biker MTB

Estábamos metidos en el sendero 39 y decidimos continuar hasta donde nos aguantaran las fuerzas. El sol apretaba bien, el aire venía fresco afortunadamente. Subiendo en dirección a la carretera (todavía no lo sabíamos en ese momento), nos encontramos una riñonera encima de una piedra. Miramos por si estaba su propietario pero no vimos a nadie. La comunitaria Patricia miró por si veía algún número de teléfono o algo para llamar, pero solo tenía regalos, dinero y alguna cosa más. En un primer momento pensamos en cogerla y llevarla a algún sitio ¿pero dónde?. Finalmente la dejamos donde estaba y continuamos con la ruta.

A los pocos metros vimos la carretera arriba y a dos chicos que bajaban rápido. Antes de que nos preguntaran les dijimos si habían perdido algo, efectivamente nos dijeron que sí, una riñonera. Les dijimos dónde estaba, nos lo agradecieron y continuamos caminando.

El sendero 39 continuaba paralelo a la carretera, por la parte derecha. Recorrimos algo más de cuatro kilómetros por el sendero 39 hasta que se bifurcaba: a la derecha continuaba por este terreno volcánico y haia la izquierda iba al Monte Blanco y cruzaba la carretera. Por lógica pensamos que esta última era la dirección correcta.

Cruzamos la carretera saliendo del sendero 39 y vimos un cartel grande que indicaba los puntos kilométricos para el ascenso a la Montaña Blanca,a 2.748 metros. Pero no decía nada del ascenso al Pico del Teide. De todas formas supusimos que era por ahí, dado que el mapa anterior señalaba el sendero de subida por esta montaña. Y, además, había mucho movimiento por la zona, un aparcamiento y gente por los alrededores, también bajando y subiendo por este camino.

Nos miramos uno a otro diciendo ¡la que hemos liado, 4 km de más por si faltaba poco y al sol! Podríamos haber aparcado el coche aquí y haber subido directamente. En el vídeo de la ruta decimos el punto kilométrico de la carretera en la que está este parking, ahora no lo recuerdo. En este punto teníamos muy claro que subir hasta arriba sería imposible.

Cartel del mapa del ascenso a la Montaña Blanca en el Teide Tenerife por Comunidad Biker MTB

Pero no desistimos y continuamos caminando, ahora animados sabiendo que íbamos en la dirección correcta. Pensamos al menos en subir hasta el refugio de Altavista, que estaba a 8 km de la carretera. Sabíamos que no sería un paseo precisamente, pues este refugio está a más de 3.260 metros de altitud y empezamos la ruta a 2.200 metros. Así que sería un acumulado de más de 1.000 metros y al sol…

Los primeros kilómetros íbamos muy animados, camino ancho y poco inclinado, aunque parecía no tener fin. Con unos impresionantes prados yermos, sin nada de vegetación, pero ni una pizca de hierba, nada, solo tierra y piedra. A lo lejos, a muchos kilómetros, se divisaba una pequeña población o un conjunto de casas y algunos senderos que también parecían no tener fin.

Al no haber vegetación es fácil ver los senderos desde lo alto, alguna ventaja tenía que tener, aunque por otro lado la sombra es un concepto inexistente en esta parte del Teide. El sol nos dio fuerte durante toda la ruta. Como dije al principio llevábamos gorra pero no nos tapaba las piernas, los brazos y el cuello. Todo esto quedó bien quemado tras la ruta, pero me estoy adelantando.

Como he dicho antes y como repetiré varias veces íbamos improvisando y sin saber por dónde echarnos. Llegamos a otro cruce que estaba señalizado con tres posibilidades: girar a la derecha, hacia un camino que subía a una edificación, seguir rectos o girar a la izquierda hacia el sendero 7, este era el nuestro según vimos en el mapa.

Sendero 7 de ascenso al cráter del Teide en Tenerife por Comunidad Biker MTB

Giramos a la izquierda, más o menos es seguir rectos, vamos que hay que coger el camino que sigue subiendo hacia el Teide, los otros se alejan de él.

El camino ancho iba haciendo eses amplias, veíamos un sendero que lo atravesaba pero tenía carteles de no pasar. Seguimos el camino ancho y nos animaba el ver a más gente subiendo, al menos no estábamos solos. La verdad es que no había muchos senderistas, bien porque hacía calor, bien porque era muy tarde o bien porque podría ser una locura subir por ahí.

Nosotros siempre positivos y diciendo “hasta donde lleguemos…” caminamos y caminamos. De cuando en cuando parábamos unos pocos segundos a ver el paisaje que íbamos dejando detrás o abajo y a echar unas fotos, también a grabar en vídeo lo que llamábamos “Intento de ascenso al Teide”.

Paramos a leer un cartel informativo en la zona de los Huevos el Teide. Unas piedras redondas, negras y de más de tres metros de altura (algunas) adornaban el paisaje predominante, de color amarillo y piedras volcánicas pequeñas formando gravilla. Parecer ser que estos “huevos” se forman en laderas muy inclinadas donde cae la lava en una erupción. La lava baja a mucha velocidad y funde el material por el que discurre, uniéndose a ella y formando una bola, como las de la nieve. En el panel también hablaba de la única especie de planta, de vegetal, que es capaz de vivir en este desierto de piedras, la viola.

Huevos del Teide en Tenerife por Comunidad Biker MTB

En la última curva del camino ancho miramos a la derecha y vimos un sendero serpenteante y muy empinado. La gente que subía o bajaba se veía como hormigas, diminutos. Ahí sí que perdimos un poco las ganas y el positivismo. Conforme nos acercábamos veíamos que a los que bajaban les costaba un poco y a los que subían también ¡bufff!.

Justo antes de empezar esta parte del sendero, el estrecho e inclinado, había otro cartel que indicaba la distancia que quedaba al refugio de Altavista. No lo recuerdo bien pero marcaba unos 2 kilómetros. Esto fue lo que nos animó a seguir, pensamos “Dos kilómetros no es mucho, aunque sea despacio lo haremos”… Ilusos…

En el vídeo de la ruta tenéis todo al detalle, íbamos diciendo la hora, los kilómetros que llevábamos, el tiempo de ruta y lo que indicaban los carteles. También nuestras sensaciones, las vistas y en lo que nos estábamos equivocando, para servir de ejemplo de lo que no se debe hacer en el ascenso al Cráter del Teide.

Comprobamos las reservas, nos quedaba un litro de agua escaso, las galletas y los cacahuetes. Los plátanos nos los comimos en el sendero de camino a la Montaña Blanca. Barajamos el volvernos pero vimos que era temprano, sobre las dos y algo de la tarde y dijimos la frase típica:

Vamos a continuar un poco más y luego ya veremos.

Empezamos a subir por el sendero, dejando el cómodo camino hacia el Monte Blanco atrás. Ahora caminábamos por un sendero estrecho, serpenteante, inclinado y algo resbaladizo (tierra suelta). En este punto rondábamos los 2.800 metros de altitud, un poco por encima de la Montaña Blanca (2.748 metros de altitud).

Sabiendo que a partir de los 3.000 metros hay algo menos de oxígeno en el aire, tomamos precauciones y fuimos a paso tranquilo, sin acelerarnos y parando unos pocos segundos, 10 o así, cada cierto tiempo, para ir acostumbrándonos.

He de decir que no nos faltó oxígeno durante toda la subida, no tuvimos esa sensación de falta de oxígeno y respiramos con normalidad. Siempre teniendo en cuenta en cansancio y procurando ir despacio, sin prisa. Pero el miedo a sufrir una picadura de pollo (en forma de falta de oxígeno) no nos abandonaría en toda la ruta.

Nos animaba ahora el hecho de ver algo más de concurrencia, gente que bajaba y gente que subía. Pero sabíamos que muchos de los que subían no tendrían intención de llegar al cráter y otros muchos se quedarían en el refugio para hacer la ruta en dos días.

Pasito a pasito, poco a poco, sin prisa pero sin pausa, continuamos ascendiendo. La rodilla izquierda me molestaba un poco, supongo que por el cansancio y por llevar más de tres horas de ruta. Pero lo que me empezaba a preocupar seriamente era el agua, incluso racionándola no nos quedaba ni medio litro y aún no habíamos llegado al refugio.

Estos dos kilómetros se nos hicieron eternos, el sendero era muy parecido en características en esta ladera: siempre serpenteante, inclinado y con tramos un poco resbaladizos. Normalmente era de tierra y con algunas zonas de piedra.

Las vistas hacia abajo empezaban a ser de quitar el hipo, espectaculares. Se podía ver la bruma en la parte norte de Tenerife, cómo quedaba muy abajo de nuestros pies, cubriendo la zona de costa. Una estampa que quedará grabada en nuestras retinas para siempre.

Vistas de la costa con bruma o calima desde el Teide en Tenerife por Comunidad Biker MTB

Nos íbamos animando para seguir subiendo, con la esperanza de que en el refugio hubiera agua. Pensamos que un refugio tendría agua sí o sí. Pero el refugio no aparecía y cuando mirábamos arriba seguíamos viendo gente que bajaba, pero diminuta, síntoma evidente de que aún nos quedaba subida.

Paramos al comer algo, unas galletas y cacahuetes. De estos últimos pocos pues llevaban sal y nos darían más sed. Bebimos agua como en las películas del desierto, a tragos racionados. Sin demorarnos mucho continuamos con nuestro caminar y la rodilla seguía dándome pequeñas molestias.

Queríamos preguntar a los que bajaban si faltaba mucho para el refugio, dado que no lo veíamos por mucho que subíamos, pero casi todos eran extranjeros y como mucho intercambiábamos un “Hola”.

Vimos una especie de palo que parecía que llevaba una cruz arriba, pensamos que el refugio estaría por allí. Seguimos animándonos y subiendo metro a metro. El palo cada vez se veía con mayor nitidez y más cercano, cosa que significaba que estábamos llegando a algún sitio.

Y, por fin, vimos el techo del refugio. Menuda sensación, de alivio, nos quedaba el culo de una botella de agua, que dejamos “por si las moscas”. Y empezábamos a presentar fuertes signos de cansancio.

Llegamos al Refugio de Altavista, tenía buena pinta, había gente por la puerta. Entramos y vimos una sala bien limpia, con una chimenea y dos máquinas expendedoras, una para agua ¡menos mal! y otra con comida (dulces). Fuimos rápidos hacia la máquina del agua, vimos que solo admitía monedas. Miramos en las mochilas y teníamos un euro y medio. Lo introdujimos en la máquina, pulsamos el botón de botella de agua de medio litro y no salía. En el indicador ponía “3”. Nuestro gozo en un pozo, medio litro de agua costaba tres euros y tenía que ser con monedas. Registramos todos los bolsillos de las mochilas pero solo juntamos euro y medio. Miramos por si había alguien en la sala de bar del refugio pero estaba cerrado, indicando en un cartel que habrían a las cinco de la tarde y eran las tres o así.

Salimos del refugio, admiramos el paisaje y comentamos qué hacer. Comprobamos las provisiones, escasas ya: unas pocas galletas, unos pocos cacahuetes y el culo de una botella de agua, unos tres dedos. Miramos hacia arriba y no veíamos el pico del Teide, lo tapaba una montaña de piedras volcánicas bastante grande.

Menuda decisión: seguir hasta el teleférico con la esperanza de que allí vendieran agua y sin saber qué quedaba para llegar o bajar y regresar al coche. Al final confiamos en la buena suerte y continuamos subiendo para ir al teleférico: no podía estar muy lejos. ¡Ilusos!.

El sendero cambió por completo, ahora andábamos por piedra volcánica pura. Serpenteaba entre una montaña de piedras inmensa, donde nos perdíamos por completo. No teníamos referencia alguna, solo se veía el Pico del Teide al fondo, pero muy alto, un sendero a su derecha y unas diminutas personas como hormigas andando por arriba del todo.

Comunitaria Patricia entre piedras volcánicas en ascenso al Teide en Tenerife por Comunidad Biker MTB

Vimos bajar a una pareja que discutía, uno de ellos decía “no puedo seguir, no puedo respirar”. Nosotros seguíamos sin tener esa sensación y a estas alturas de la ruta superábamos los 3.000 metros de altitud. Aquí el clima cambió un poco y el aire venía frío, aunque era bastante soportable incluso en manga corta.

El cansancio empezaba a hacer mella en nosotros, juntándolo a la falta de agua nos dio un poco de bajón. Paramos unos segundos a admirar las vistas para animarnos y coger aliento, también para que las rodillas se relajaran un poco. En esta zona era como si fuésemos subiendo unas escaleras interminables, por lo tanto las rodillas van en tensión continua.

La verdad es que mirar atrás era lo que más nos animaba. Íbamos andando entre una auténtica montaña de lava, que no hace muchos años discurría ladera abajo a más de 1.000 grados de temperatura. Un paisaje volcánico sobrecogedor, completamente árido y estéril, sin vegetación y sin animales. Seguramente habría alguna lagartija y algún insecto pero en ese momento no se veía nada.

Sacamos fuerzas mentalmente, porque físicamente ya lo habíamos dado todo o casi todo. Un paso corto, otro paso, un escalón de piedra, otro escalón, las rocas cambiaron de color, de negro a amarillo pero el sendero era similar: inclinado y sobre piedras.

De vez en cuando veíamos bajar a alguien. Incluso una pareja nos dijo “Teleférico is closed” (o algo así). Esto ya lo sabíamos desde que empezamos a subir. Les dimos las gracias con un “Thank you” murciano, que vino a sonar “Cenquiu”.

El pico del Teide seguía viéndose a lo lejos, no parecía que fuéramos acercándonos, más bien íbamos hacia su izquierda. Por fin llegamos a un cartel y a una zona “llana”, menudo alivio para las rodillas. En el cartel indicaba algo así como “Pico del Teide a 650 metros”. Nos alegramos mucho, al menos nos quedaríamos muy cerca, porque sabíamos que para subir al Pico había que tener un permiso previamente sacado que no teníamos.

Seguimos por en sendero dirección al Pico y al teleférico, que aún no se veía porque lo tapaba otra montaña de piedras volcánicas negras. Andamos entre seas piedras y sobre esas piedras. El sendero estaba bien diseñado y en ningún momento tuvimos duda (desde que cogiéramos el sendero 7 hacía ya unas cuantas horas).

Aún tuvimos que andar un rato hasta ver el teleférico y siempre con la esperanza de que hubiera algún bar o algo similar donde vendieran agua.

Llegamos por fin pero estaba todo cerrado completamente. Un hombre que había subido nos dijo que no había agua por la zona y nos habló del medio litro de agua a tres euros del refugio de Altavista, que ya conocíamos. También nos dijo que llevaba el permiso para subir al cráter pero que su hijo no podía más y que regresarían.

En esta parte del Teide el viento venía frío, así que nos pusimos las sudaderas. Dimos unas vueltas y vimos una puerta baja cerrada y un cartel indicando que solo se podía pasar con ese dichoso permiso. Pero no había vigilante, según nos comentó el hombre el vigilante no está cuando el teleférico está cerrado porque sube mucha menos gente y no se llega al aforo máximo…

Ni mil palabras más, sabiendo que había por la zona cuatro pelagatos, es más, en el sendero del cráter no había nadie, saltamos la minipuerta. En realidad no la saltamos, simplemente pasamos por un lado.

Andamos unos metros y el cansancio era total. Paramos en un pequeño recobeco de piedras al refugio del viento y nos comimos las últimas provisiones de galletas, dejando los cacahuetes para una emergencia. Bebimos un trago de agua, estrictamente racionado y dejamos la botella a dos dedos de su final.

Miré para arriba, vi el sendero que discurría por la ladera del cráter, miré a la comunitaria Patricia, me dijo que no podía dar un paso más, le dije que esperara que iba a echar un vistazo y seguí subiendo.

Subí rápido para no hacer esperar a Patricia, pues hacía algo de frío, andaríamos por los 3.400 metros de altitud y esto ya es alta montaña. Me noté algo mareado y muy acelerado, me fataba un poco la respiración. Paré unos segundos a estabilizarme. Cometí el error de subir unos metros rápido y ahora lo estaba pagando.

Unos 20 segundos me fueron suficientes para continuar subiendo, despacio. Miré abajo y vi a Patricia que me saludaba, la saludé y continué subiendo. En este punto decidí llegar al final pues cada vez se veía más cerca.

Se olía a azufre, algo curioso, y había restos de azufre en algunas zonas. Seguí subiendo olvidando el cansancio y la falta de agua. De vez en cuando paraba unos pocos segundos a mirar abajo, a Patricia la veía a veces como un diminuto punto azul.

Y llegué por fin al cráter, o al menos eso parecía. Era más pequeño de lo que esperaba, pero mirando al otro lado parecía que era el final del sendero. Subí un poco más entre las rocas, por donde continuaba el sendero. Olía más fuerte a azufre y parte del cráter estaba cubierto de este elemento químico.

Esta parte de la subida al cráter se hace andando sobre piedras, es como una especie de escalera. La verdad es que se subía sin dificultad técnica, aunque mis rodillas flojeaban en cada escalón debido al cansancio acumulado.

De repente pasé por una piedra y me vino un golpe de aire muy caliente y con olor a azufre. Tosí muchísimo y también me asusté. Pasé rápido y miré atrás, salía humo de un agujero. No me lo podía creer. El síntoma evidente de que el Teide es un volcán activo.

Subí unos pocos metros más y llegué al final del sendero, a lo más alto del Teide, a 3.718 metros sobre el nivel del mar. Detrás de mí subieron también unos muchachos y por allí no había nadie más.

Vistas de la costa con bruma desde el Pico del Teide el cráter por Comunidad Biker MTB

Me senté un instante a sacar la GoPro para ponérmela con el arnés del pecho. Me puse el gorro de la sudadera porque el viento venía bastante frío. Admiré las vistas, que me dejaron sin palabras y emocionado. Las grabé rápido para compartirlas con todos vosotros y emprendí el camino de regreso.

Unos pocos metros de bajada rápida por las escaleras de piedra y llegué al encuentro de la comunitaria Patricia, que me esperaba helada.

Emocionados por haber conseguido coronar esta montaña, la más alta de España, y más aún con la sensación de haberlo hecho sin esperarlo y sin planificarlo. Muy contentos pero también preocupados por no llevar agua y porque sabíamos que nos esperaban más de tres horas de bajada.

Empezamos a caminar por donde vinimos, ahora a ritmo más rápido que la subida, hasta que llegamos a la zona de piedras volcánicas donde hay que ir bajando escalones. Ahí empecé a notar que mis rodillas me fallaban, me costaba bastante bajar los escalones, tenía que ir apoyándome en las piedras con las manos para no dejar caer todo el peso sobre las rodillas.

La comunitaria Patricia decía ir bien, dentro de lo que cabe. Seguíamos con la esperanza de que al bajar el refugio de Altavista estuviera abierto y hubiera posibilidad de cambiar billetes por monedas para sacar agua.

Tardamos casi una hora desde el teleférico hasta el refugio, hay un buen trecho de sendero serpenteante. Y aunque íbamos bajando, en este tramo la velocidad era prácticamente la misma que subiendo, sobre todo por el miedo a que las rodillas me fallaran al pisar en un escalón y me cayera.

Llegamos al refugio de Altavista, sin agua, sedientos y espectantes, “A ver si hay suerte” decíamos. El refugio estaba abierto, salió un chico a preguntarnos si teníamos reserva para quedarnos, le dijimos que no nos quedábamos y le preguntamos si tenía cambio para tener monedas y poder sacar agua. Y dijo “Sí claro”. Menudo alivio.

Sacamos cuatro o cinco botellines de agua de medio litro cada uno, a 3 euros cada botellín. Sin duda el agua más cara del mundo pero también el agua que nos salvó la vida. Llenamos la mochila de la bicicleta a tope y nos bebimos un botellín y algo de otro casi de un trago.

Cómo cambia la perspectiva, ahora al menos teníamos agua. Preguntamos qué se tardaba en bajar a la carretera desde allí, el muchacho, muy amablemente, nos dijo que un par de horas. Teníamos que contar con este par de horas y el regreso al coche, otra media hora larga.

Empezamos a bajar, para mí fue un suplicio, el sendero está bien pero el cansancio en mis rodillas hacía que no pudiera bajar bien. La tarde iba cayendo y la preocupación ahora era la noche. Llevábamos una única linterna pequeña y no era plan de andar por allí sin luz.

Seguimos bajando y bajando y bajando. Nos encontrábamos gente que subía para quedarse en el refugio. Algunos nos preguntaban cuánto faltaba para llegar. Ahora que éramos expertos en el ascenso al Teide les íbamos diciendo el tiempo aproximado al refugio y cómo era el sendero.

Paramos unos minutos a quitarnos las chinas que se nos colaban en las zapatillas y a comernos las últimas reservas de comida, unos pocos cacahuetes.

Bebimos mucha agua, ahora que teníamos de sobra, pero sin abusar por si acaso se presentaba alguna dificultad. Aumentamos el ritmo dentro de nuestras posibilidades, el cansancio era extremo y en estas situaciones los músculos no responden como quisiéramos.

Y, por fin, llegamos al camino ancho y poco inclinado de la Montaña Blanca, aquí podíamos ir mucho más rápidos y mis rodillas no sufrían la inclinación de la senda anterior, donde había que ir frenando a cada paso.

Ascenso al Teide - Montaña Blanca por Comunidad Biker MTB

Cogimos unos atajos que atraviesan casi rectos las curvas de este camino, acortando un kilómetro y algo. El sol empezaba a ponerse y la sombra del Teide se proyectaba hacia las montañas del norte. En este momento sacamos la linterna “gatuna” para darle unas vueltas y cargarla, dado que tendríamos que hacer un tramo por carretera (unos dos kilómetros) y era muy peligrosa, sin arcén.

Corrimos unos metros para ver si podíamos pero solo aguantamos algo menos de 100 metros.  A paso ligero fuimos hacia la carretera. Una vez cargada la linterna le di al botón de encendido pero no hubo suerte, fue la que usé en el Camino de Santiago, hace ya una década y parece que no funcionaba. Le dimos algunos golpes y no hubo manera de encenderla.

Llegamos a la carretera prácticamente de noche. Teníamos la opción de volver por el sendero por el que vinimos, pero sin luz y haciendo unos cuatro kilómetros más. Descartamos esta opción y decidimos ir por la carretera, que había unos dos kilómetros.

Fuimos pegados al borde de la carretera, delimitado por unos palos y de noche casi total. Aunque llevábamos los móviles al límite de carga de batería encendía la linterna cuando veíamos un coche a lo lejos, para que nos viera. El invento funcionaba, en cuanto venían la luz se apartaban. La verdad es que estos dos kilómetros se hicieron eternos, nos encontramos muchos coches e íbamos con miedo de que al móvil se le agotara la batería.

Y llegamos al coche, exhaustos, felices, emocionados, cansadísimos, casi no nos salía el habla. Nos sentamos en el coche, respiramos, nos quitamos las zapatillas para limpiarlas de chinas y piedras y pusimos camino al Hotel la Casona del Patio en Santiago del Teide.

Una de las experiencias más duras que jamás he realizado, junto con las mortales y el Camino de Santiago. Más de 9 horas andando, más de 1.500 metros de desnivel acumulado, faltándonos el agua, quemados por completo por el sol, otra de las cosas con las que no contamos: cuello, brazos, manos, piernas, todo quemado y bien quemado. Pero aún así, sin duda, volveríamos a repetir, aunque ahora que somos “expertos” lo haríamos mejor preparados.

La comunitaria Patricia aguantó la experiencia como una campeona, bajó muy bien y subió de maravilla. El Teide nos dejaría un buen recuerdo los días venideros, por los paisajes, por el reto superado y por las agujetas hasta en las orejas que hicieron que apenas pudiéramos andar en dos días.

Consejos para realizar el ascenso al Pico del Teide, al cráter, con descenso en el mismo día

Y los consejos para los que quieran afrontar esta subida y bajada al cráter del Teide en el mismo día:

  • Hacer la reserva con meses de antelación, parece que se agotan rápido y cuando intentamos hacerla nosotros, en el mismo día, decía en la web que estaba completo el aforo hasta las próximas dos semanas. Por lo tanto reserva en la web oficial del Cabildo de Tenerife con mucha antelación, es gratuita. Nosotros tuvimos suerte, como he comentado, y el teleférico estaba cerrado, por lo que no había ni aforo ni guardia.
  • Buenas zapatillas, unas que ya tengamos usadas y nos vayan bien. Nada de hacer pruebas estrenando unas zapatillas. Hay que tener en cuenta que son 23 kilómetros, casi la mitad subiendo y muchas horas andando. Por lo tanto si las zapatillas nos hacen algún roce puede ser motivo de abandono.
  • Hay que llevar algún abrigo o cortavientos o prenda similar para el frío, al menos en la parte de arriba del cuerpo. Nosotros subimos a principios de septiembre, hacía calor abajo pero arriba el viento venía frío. Salimos con manga corta arriba y abajo y solo necesitamos una sudadera o prenda larga en la zona del teleférico.
  • Una buena mochila, que aguante peso. En nuestro caso compramos una mochila barata y una de las asas casi se descose por completo, lo que hubiera sido un contratiempo importante para llevarla cómodamente.
  • Agua y monedas. Nosotros llevamos unos tres litros para dos personas, nos faltó bastante. Depende de la temperatura y de las personas, pero calculo que al menos dos litros y medio por persona para acabar bien. Y si no queremos llevar tanto peso, unos dos litros y monedas para comprar el agua más cara del mundo en el refugio de Altavista.
  • Comida, importante llevar un par de bocadillos, frutos secos y lo que consideremos para aguantar 9 horas. En el refugio había una máquina expendedora, pero solo tenía snacks dulces y poco más.
  • Madrugar. Es fundamental salir de la montaña Majua (parking del teleférico) lo más temprano posible. Si habéis decidido hacer el ascenso y descenso del Teide en un día lo mejor es caminar en las horas en las que el sol no aprieta y, además, disponer de tiempo de sobra para que no se haga de noche y para ir tranquilamente. Una buena hora de salida podrían ser las 8 de la mañana. Nosotros lo hicimos a las 12 o más y luego nos faltó una hora de sol para no andar de noche.

De vuestro comunitario presidente Alonso.

  • Fotos del ascenso y descenso al Pico del Teide, al cráter, desde la Montaña Majua:

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