Hola amigos/as de Comunidad Biker, soy la comunitaria Patricia Carmona y esta vez os quiero relatar lo acontecido en la Media Maratón de Santa Pola, en su 29ª edición. Una carrera especial para mí por ser la primera vez que realizaba 21 km corriendo. Os cuento mi recuperación de la fascitis plantar, el entrenamiento y, sobre todo, mi participación en la Media Maratón de Santa Pola de 2018.

La temida fascitis plantar y la recuperación

Todo comienza hace unos años, cuando me aficioné a correr, más o menos de forma constante, con alguna época de parón, pero retomándolo al poco tiempo. Mi mayor parada, cuando colgué un tiempo las zapatillas, fue a raíz de detectarme una fascitis  plantar. Al principio era una molestia ocasional y poco a poco se fue convirtiendo en un dolor fuerte. Aún así no hacía caso y seguía corriendo, hasta que se fue agudizando. Salía a correr y después no podía andar hasta que se me pasaba. Me encanta hacer deporte y me negaba a tener que dejar de correr.

Haciendo un grandísimo esfuerzo finalmente visité un podólogo. No tardó mucho en ver con un escáner que tenía una inflamación importante de los tendones de la planta del pie, una fascitis plantar en toda regla. Tras un estudio de mis pies, de mi pisada y de mis hábitos me recomendó unas plantillas (para usarlas en mi trabajo principalmente) y reposo: nada de correr durante varios meses. Las temidas palabras llegaron: si sigues corriendo puede ir a peor y convertirse en crónica.

Muy a mi pesar tuve que dejar de correr durante muchos meses, afortunadamente podía hacer ciclismo pues en la pedalada no me molestaba. Pero también me gusta correr y me prometí a mí misma que en cuanto se me fuera la fascitis haría una media maratón. La recuperación fue lenta, usé las plantillas, andaba un poco y solo bici durante meses.

Poco a poco el dolor fue remitiendo, pasaron unos cinco meses, donde mi único deporte era el ciclismo y algo de natación. Hacía estiramientos, algo de hielo y procuré hacer caso al podólogo: nada de correr. Y por fin llegó el día en que me dije “Va siendo hora de probar”. Salí a correr unos tres kilómetros para ver qué tal, con un poco de miedo por si volvía el dolor pero muy ilusionada y con muchas ganas. Afortunadamente todo fue bien, así que a los tres días salí a hacer unos 6 kilómetros ¡Sin dolor!

El entrenamiento para la media maratón

Lo prometido es deuda, viendo que estaba recuperada, o eso me parecía, empecé a prepararme la Media Maratón. Me fijé como objetivo la Media Maratón de Santa Pola, que se celebraba el 21 de enero, tal y como anuncié en el foro de la web comunitaria, por si animaba a más comunitarios a hacerla. Dispondría solo de tres meses para preparármela, iba un poco ajustada pero si era constante lo podría conseguir.

Arrastré conmigo a Alino Pies Anchos, María y Alonsojpd, luego también se apuntó el comunitario Óscar. Para todos un poco precipitada pero como es una media muy bonita no se la quisieron perder.

Estuve unos tres meses, como podéis ver en el vídeo, saliendo a correr de 2 a 3 veces por semana y alternando con el ciclismo. Al principio tiradas cortas, de no más de 5 km y poco a poco intercalaba alguna de 9 km.

Corría todas las semanas, de lo contrario me faltaría tiempo. Tras las cuatro primeras semanas hacía dos salidas de 6 km y una de 9, otras de 6 y otra de 10 y así sucesivamente. Sin excederme en hacer tiradas largas, tal y como me recomendó los expertos en la materia María y Alino Pies Anchos. Era un poco complicado alternar estas salidas con las de ciclismo, pero si te lo propones todo es posible.

En total hice unas 21 salidas de entrenamiento, con una tirada larga de 17 km para ver cómo reaccionaba mi cuerpo a esa distancia, una semana antes de la media. Me resultó un entrenamiento duro, acabé muy cansada, pero aguanté bien. Nunca había corrido más de 12 km, y pasar del 15 es otra historia, pero las sensaciones fueron buenas.

Los días previos a la Media Maratón hice una buena alimentación, algo que consideré clave para aguantar y que no me picara el pollo. En la semana previa a la media maratón comí mucha pasta, patatas cocidas, arroz, huevos, legumbres, pan… Con la idea de cargar mis reservas de glucógeno a base de hidratos de carbono. Necesitaba tener la certeza de que no me faltarían fuerzas, si tenía que abandonar que no fuera por una mala alimentación.

La Media Maratón de Santa Pola

Llegó el gran día de la prueba, domingo 21 de enero de 2018. Nos levantamos a eso de las 6:00 de la mañana, para salir a las 7:00 hacia Santa Pola. Desayuné medianamente bien, quería desayunar más pero estaba muy nerviosa y no me entraba la comida. Empezó a dolerme un poco el estómago, era algo nuevo para mí y sabía que sería durísima. Tenía muchas ganas de que empezara pero aún me quedaban tres horas hasta el pistoletazo de salida.

Alonso, Kronxito (de reportero y apoyo logístico) y yo fuimos a recoger a Alino (pies anchos) a su casa. Los cuatro nos dirigimos hacia Elche para recoger a la comunitaria María, que también corría, una campeona con todas las letras. Todos juntos nos dirigimos hacia Santa Pola. En el coche me vino un mal estar importante de estómago, se lo hice saber y María estaba más o menos como yo, así que paramos en una gasolinera. A punto estuve de tener que decirle al conductor Kronxito que parara en medio del campo… La verdad es que fueron una serie de fuertes apretones que me dejaron la piel de gallina y me vinieron los sudores de la muerte… Tras la gasolinera me quedé en la Gloria Bendita.

Llegamos a Santa Pola y fuimos a recoger los dorsales, María y yo estábamos de los nervios. Llegamos al coche de nuevo para dejar todas las bolsas. Nos preparamos para calentar un poco, hacía algo de viento fresco pero no hacía mucho frío. Alino y María, que van a otro nivel, calentaron un buen rato. Alonso y yo  calentamos pero al solecico, que se estaba de maravilla. Llegó el comunitario Óscar que también corría en esta prueba, y yo desquiciada de los nervios, hablamos un poco pero conforme se acercaba la hora de salir más nerviosa me ponía, así que fuimos a calentar un poco, unos 200 metros.

Alonso y yo nos pusimos detrás del todo, en nuestro cajón correspondiente, Óscar un poco más adelante, Alino más adelante aún, y María en su cajón correspondiente según el tiempo que realizó la última vez que participó, que fue buenísimo.

Muchísima gente, casi 5.000 personas, todos con los nervios iniciales, inquieta, saltando, esperando la salida que parecía que no llegaba nunca, muy emocionante verme allí tres meses después de mis entrenos y muchos meses más tras mi lesión de fascitis plantar. Todo me vino encima y me entraron ganas de llorar de la emoción.

Pistoletazo de salida, empezamos a andar y no pudimos correr hasta pasa la línea de salida, que ya marcaba más de 2 minutos… Con muchos nervios aún y mucha incertidumbre por saber qué me esperaría y cómo reaccionaría, sería durísimo, eso lo tenía claro, pero también sabía que terminaría como fuera.

Alonso y yo salimos juntos, aunque él poco a poco se fue adelantando, vi que iba aumentando el ritmo y yo sabía que lo alcanzaría tarde o temprano. Cogí mi ritmo y fui adelantando como pude (era muy complicado). Me encontraba muy bien y corrí los 10 primeros kilómetros a gusto, por la orilla de la playa, dejando atrás los nervios y muy concentrada en la respiración y en la zancada.

En los avituallamientos de agua cogía un botellín y bebía un poquito, con mucho cuidado para que no me diera flato. Llegué al kilómetro 10 y vi a Alonso cerca en un giro, así que aumenté un poco el ritmo paulatinamente hasta que lo alcancé. Le pregunté cómo iba y me dijo que bien, también me dijo que María iba la 4ª de las mujeres, se me pusieron los pelos de punta ¡Qué máquinaaaa!

Adelanté a Alonso por este tramo, que se fue quedando atrás. Un par de kilómetros después me encontré con dos corredoras del club 30740 de San Pedro del Pinatar, mi pueblo natal, me alegré mucho y las saludé.

Seguí corriendo sin descanso manteniendo el mismo ritmo todo el trayecto, no quería cansarme demasiado para no sufrir demasiado, pero tampoco quería ir muy lenta y que se hiciera eterno. Me encontré con el cartel del kilómetro 15, ya estaba muy cansada. En ese punto la mente juega un papel muy importante, iba bien alimentada, iba más o menos bien entrenada, pero el cansancio te puede jugar una mala pasada.

Por el kilómetro 17 se veía mucha gente parando de correr, andando y exhaustas, incluso vi una chica en la camilla de una ambulancia, retirándose definitivamente, eso desmotiva bastante. Pero me mantuve positiva en todo momento, animándome a mí misma ¡Yo puedo!

Corrimos por un tramo que iba en sentido contrario al que estaba la meta, en la parte final, esto también desmoraliza, pensando que luego tienes que volver desandar lo andado.

Cartel del kilómetro 19, ya en dirección hacia la menta, exhausta, al límite, tirando de mente pues las piernas empezaban a no querer responder. Nunca había pasado de 12 kilómetros y solo había hecho esos 17 en un entrenamiento, así que a partir de ahora todo era totalmente nuevo para mí. Y esto da cierto miedo pero ¿Quién dijo miedo?

Miré miré mi reloj, que estuve intentando ver la hora varias veces y ni podía, no se por qué, pero no conseguía fijar la vista para ver la hora, supongo que por el cansancio y el calor que hacía. Por fin pude verla, las 12:20, quedaban 2 kilómetros, calculé mentalmente y si seguía este ritmo en unos 10 minutos acabarí la prueba, en dos horas, incluso mejor de mis expectativas.

Saqué fuerzas de donde creía que no las había, aumenté el ritmo o eso creía, pero las piernas parece que iban por un sitio y mi mente por el otro. Estaba al límite, fatigada, veía las batucadas tocando y no podía ni mover los brazos, dejando atrás ese momento del kilómetro 10 en que incluso me permití el lujo de bailar un poco frente a una de estas batucadas.

A lo lejos me pareció ver el arco de meta, esto me dio fuerzas renovadas, por decirlo de alguna manera porque fuerzas no había. Se hicieron interminables esos últimos metros.

Y por fin vi a pocos metros la meta, que pasé muy emocionada, me eché a llorar de lo contenta que estaba. Un cámara me enfocaba muy de cerca y se echó hacia atrás para volver a grabarme, lo cogí del brazo en muestra de agradecimiento. Estaba un poco aturdida y no sabía por donde ir, estaba todo muy bien señalizado, fui siguiendo la corriente de la gente y me dieron mi medalla de finisher.

Orgullosa y feliz, acabando en 02:04:00, mucho mejor de lo que tenía pensado en un principio, algo más de 2 horas y 10 minutos. Me fui a los avituallamientos a beber algo, llegó Óscar detrás de mí, y después llegó Alonso, sudando la gota gorda.

Terminamos esta gran media maratón exhaustos y casi sin poder andar, no podía subir escaleras, me dolían los cuádriceps, los gemelos, la espalda y no sé qué mas, pero muy contentos.

Como colofón esta magnífica mañana de deporte, nos enteramos que la comunitaria María ganó tres premios: cuarta de la general absoluta femenina, segunda clasificada nacional y primera de su categoría. Orgullosa es poco, me emocioné al verla en la entrega de premios, una auténtica máquina ¡Enhorabuena María!

Después de este reto superado, nos sentamos a comer y al levantarme no podía ni moverme, ni andar, se me saltaban las lágrimas del dolor que tenía en mis piernas, pero a la vez orgullosa de haberlo conseguido, no será la última porque la experiencia es inigualable.

Los días de después de la Media Maratón

Esto no suele contarse y me parece también parte de la experiencia y son los días de después. Tras regresar a casa descansé durmiendo un poco la siesta, o esa era mi pretensión, pero tras varias horas no podía levantarme de la cama. Tenía que hacerlo para cenar y me costó horrores levantarme, apenas podía andar. Eran dolores generales por todas las piernas y la espalda. Cené como pude y me volví a acostar.

Al día siguiente tenía que trabajar y fue un suplicio, cuando me agachaba veía las estrellas, sabía que era fatiga muscular y fibras rotas por el esfuerzo y sabía que se me pasaría pero me dolían mucho las piernas. Y cuando veía unas escaleras que tenía que subir o bajar ¡Ni os cuento! Un par de escalones eran todo un sacrificio.

Así pasé los dos primeros días, teniendo que trabajar obligatoriamente y descansando, también estirando un poco en la medida de lo posible. En el tercer día, cuando ya me dolían menos las piernas salí a andar. Seguía teniendo molestias y cansancio pero dicen que es bueno activar tras un esfuerzo para eliminar más rápidamente las toxinas y acelerar la recuperación.

Al cuarto día ya estaba casi totalmente recuperada y volví a salir a andar, ahora sin molestias y feliz. Temía un poco que me volviera la fascitis pero ahora no tengo molestia alguna. Así que ya me estoy planteando participar en otra carrera.

Gracias a todos por los ánimos que he recibido durante mi entrenamiento y durante la media maratón. Nos vemos en la siguiente, ya  con muchas ganas.

De vuestra comunitaria Patricia Carmona.

  • Fotos de la Media Maratón Santa Pola 2018: