Estimados comunitarios, llegó la tarde del martes día 30 de mayo de 2017, acabó la jornada laboral (para algunos) y empezó el momento de desconexión y diversión, de disfrute y conexión con la naturaleza. Nos preparamos para hacer una quedada con nuestros amigos del Club Ciclista Fortuna Team, hoy era ruta de iniciación para jóvenes comunitarios pero dado que los jóvenes tenían exámenes, acabamos haciendo una ruta un tanto alejada de la iniciación.

Algunos comunitarios como Alonsojpd, Patricia Carmona, Paquito206, Matías y Kronxito salimos desde la sede de la Comunidad en Molina de Segura, otros nos esperarían en Fortuna, como los comunitarios Raúl, Félix, Periquín, Eusebio, Andrés, Jose Manuel, Adrián, Bingen y otros tantos.

Calculamos mal la hora de salida y llegamos muy ajustados, tuvimos que hacer relevos durante el trayecto y aumentar mucho el ritmo. Llegamos a Fortuna unos 6 minutos sobre la hora de salida. Nuestros amigos del Club Ciclista Fortuna Team junto con Paquito206 y otros comunitarios nos encontraron de frente llegando al pueblo.

Continuamos la ruta llevando como guía al comunitario Félix, vimos que había pocos jóvenes dado que estamos en época de exámenes, sólo el comunitario Adri y alguno más. Prácticamente sin darnos cuenta ya estábamos metidos en una rambla, la del Cantalar, siguiendo la estela de la bicicleta del comunitario Félix, rodando entre matorrales y por senderos que hace un tiempo estaban bien definidos pero que, tras las lluvias, apenas se distinguen. Nos pinchamos con algún cardo borriquero, nos rozamos con alguna rama y nos llenamos las zapatillas de semillas de plantas que se adaptaron a lo largo de los millones de años para anclarse al pelo de los animales o al tejido artificial de los calcetines.

Me gusta que la naturaleza nos gane la batalla, me encanta ver la hierba crecer en las carreteras, entre el asfalto, luchando contra ese manto negro, yermo, pringoso, artificial y contaminante, o en las ciudades, vastas extensiones donde los humanos, con su (nuestro) egoísmo y avaricia, no dejamos más vida vivir que la nuestra propia. Los animales y las plantas luchan por hacerse un hueco, nacen y crecen en cualquier resquicio, en cualquier hueco, debajo de nosotros, encima de nosotros, detrás de nosotros, delante de nosotros.

Me encanta ver esas hormigas minúsculas e inteligentes, veloces, perfectamente adaptadas a nuestros hábitos y que apenas se ven. Corretean libres y ajenas por nuestras (sus) casas en busca de cualquier resto de alimento. Un minúsculo cristal de azúcar, imperceptible al ojo humano, que ni siquiera nuestra cepillo es capaz de recoger, es para ellas un palé. En un ejército disciplinado, las exploradoras recorren la casa con su olfato infalible y, cuando ven una mínima rendija en alguno de nuestros tarros de comida, se introducen sin previo aviso, es suyo, es su lugar, es su alimento, nosotros somos los usurpadores. Si encuentran alimento y el olfato no les falla (nunca les falla), la hormiga exploradora correrá rauda hacia el hormiguero, dejando un rastro químico para alertar al resto y para indicar dónde está la comida. En cuestión de minutos o segundos nuestro tarro (su tarro), nuestra comida (su comida), será invadida por decenas de hormigas obreras que la irán transportando en una logística casi perfecta. Dejaré esto para otro artículo dedicado en exclusiva porque puede que nos cabree ver nuestra estupenda comida invadida por estos diminutos animalillos, así es, pero hemos de recordar que nosotros invadimos su lugar con nuestras gigantescas y desmesuradas edificaciones y construcciones.

Volveré a la crónica de la ruta, seguimos ascendiendo poco a poco hacia la Cueva Negra, pasando por varas sendas y caminos, algunos tramos de dudosa ciclabilidad, pero eso nunca ha sido un problema para la Comunidad. Atravesamos algún que otro bancal hasta llegar a la carretera que sube a la Cueva Negra. Afrontamos el ascenso de la rampa hormigonada, simple en longitud pero no en inclinación, con unos 200 metros de subida pero con unas pendientes de más del 18%.

Paramos en la cueva negra a admirar este enclave que antaño perteneció y fue usado por los romanos. Nuestro amigo Antonio nos contó un poco de historia sobre el lugar y nos enseñó el lugar donde estaban los tituli picti (en singular titulus pictus). Hemos estado en varias ocasiones en la cueva negra, pero no sabíamos que había escrituras romanas en sus paredes. La verdad es que nos sorprendimos y, fijándonos bien, ahí estaban, como de color rojo, bajo el hollín de la roca quemada. Grabamos el correspondiente vídeo para enseñaros lo que vemos y poder compartirlo con todos vosotros.

Descendimos de la Cueva Negra de Fortuna dirección los Baños de Fortuna, hacia la Cueva de las Magras o Almagras. Rodamos haciendo un poco de exploración (controlada), volviéndonos en algún camino sin salida y cogiendo finalmente el inicio de la Senda Volcánica, donde se encuentra la Cueva de las Magras o Almagras. Nos detuvimos allí para entrar y grabar esta cueva, ya lo hicimos hace unas semanas pero no la grabamos bien ni completa, así que hoy tocaba parada obligatoria.

Nos adentramos cual espeleólogos, los comunitarios Félix, Paquito206, Adri y Alonsojpd. La entrada a la cueva es estrecha, hay que agacharse bien, pero luego se agranda y puedes andar parado. Tiene varias cavidades que se van bifurcando e introduciendo en la montaña, todas van hacia abajo por lo que es muy peligroso adentrarse sin los conocimientos e indumentaria necesarios. Entramos unos metros por una de ellas, es menos espectacular que la cueva del solins o solín en la sierra del Corque pero también es bonita, tiene formaciones cálcicas semejantes a las estalactitas en algunos recovecos de sus paredes y supongo que lo más impresionante estará metros más adentro.  Pero nosotros nos conformamos con lo que vimos y nos dimos la vuelta, sin las luces de los móviles todo es oscuridad y fácil caer en alguna gruta y quedar atrapados.

Continuamos la ruta por Senda Volcánica, que queda justo unos metros por encima del Balneario Romano en los Baños de Fortuna. Paramos para echarle un vistazo desde arriba, no me lo pensé y mientras el resto hablaba fui descendiendo con la bici hasta los restos arqueológicos. No había sendero definido, había algo de piedras sueltas y algún escalón, pero echando el culo hacia atrás y aplicando la técnica de descenso pude hacerlo, no sin llevarme algún susto.

Al verme algunos comunitarios se fueron animando, unos llegaron más lejos y otros menos, finalmente todos bajamos a los restos arqueológicos del balneario romano. Aprovechando que teníamos un experto en historia, a Antonio, nos detuvimos y prestamos atención a sus palabras, nos contó cómo era este balneario y un poco de historia relacionada con él. Podéis verlo en el vídeo de la ruta, aprender historia es siempre enriquecedor, como se suele decir «es bueno conocer nuestro pasado para no cometer los mismos errores» y, también, por supuesto «es bueno conocer la historia porque conociendo los hechos del pasado podemos explicar el presente» y también por curiosidad, lógicamente.

Continuamos la ruta, rodando con nuestras bicicletas de montaña, ahora contentos tras haber aprendido cosas nuevas. Volvimos hacia Fortuna para ir acabando la ruta, despedimos a algunos comunitarios del Club Ciclista Fortuna Team y el resto rodamos haciendo relevos hacia Molina de Segura. Nuestro comunitario Bingen, maestro en el tema, nos iba instruyendo en el arte del relevo, que tiene su miga.

Acabamos la ruta con unos 52 km, haciendo unos 600 metros de desnivel acumulado de subida y unas tres horas y media. Aprendiendo historia, charlando con los comunitarios y disfrutando de la naturaleza ¿qué más se puede pedir?

De vuestro comunitario presidente Alonso.

  • Fotos de la ruta MTB: