Estimados comunitarios, seguimos con las rutas típicas de la Comunidad en verano, en este caso baño en las pozas del río Chícamo, en Abanilla. Salimos desde Fortuna un grupo de comunitarios y amigos del Club Ciclista Fortuna Team, unos 22 en total, con la idea de darnos un baño refrescante en las aguas del río Chícamo.

Partimos temprano, intentando evitar que a la vuelta nos pegue el sol en las horas de máximo calor, a eso de las 07:22 iniciamos la ruta de ciclismo de montaña desde Fortuna (Murcia, España). Nos dirigimos por carreteras secundarias hacia Mahoya. En esta zona sufrimos un par de episodios de la cruda realidad del ciclista de montaña, con pinchazos de las bicicletas de Patricia y Periquín. Los reparamos y continuamos la ruta.

Hacemos unos kilómetros de ascenso primero por carretera, luego por camino y finalmente por senda poco ciclable, lugar donde tenemos que poner pie a tierra y caminar empujando las bicis durante unos 300 metros. En la Comunidad nos tomamos estos tramos con muy buen talante, vamos riendo y charlando, y viendo como algunos comunitarios intentan realizar el ascenso técnico montados en la bici, siempre animándolos por su tenacidad.

Subimos a la carretera y continuamos la ruta subiendo otro poco hacia el punto más alto de la ruta de hoy. Desde allí empezamos a bajar hacia el río Zurca, afluente del río Chícamo. Bajamos a su lecho y lo cruzamos. Hicimos una pequeña parada en los restos del molino de agua más grande de la comarca, la verdad es que impresiona. Desde el lecho del río se erige una construcción de piedra de más de 10 metros y eso que le falta una parte, que el paso del tiempo ha ido derruyendo. El llamado «Molino del Prado», con más de 12 metros de altura, en la zona de Abanilla.

Continuamos con la ruta y paramos unos minutos a almorzar, hoy me vine sin almuerzo pero el comunitario Eusebio me dio un pan de higo. Comimos manzanas, barritas, pan de higo y otros productos, a la sombra de un eucalipto.

Seguimos rodando y bajando por camino hasta el lecho del río nuevamente, pero por otra zona. Ahora lo fuimos bajando hasta dar con el río Chícamo, donde confluye el Zurca. El paisajes es muy bonito, diferente al habitual, con esas formas características de las tierras blandas (arcillas, margas, yesos), lavadas por innumerables milenios de lluvias torrenciales.

Empezamos a subir por el sendero del cauce del río Chícamo, entre ovejas y zonas con agua. El sol empezaba a pegar de forma implacable, calentando nuestras espaldas y dejándonos con los recursos hídricos escasos. Fuimos aguantando, de cuando en cuando nos encontrábamos con alguna sombra en el camino, cosa que agradecíamos profundamente.

Algunos tramos son poco ciclables, pero solo unos metros, en general es ciclable al menos hasta un poco antes de llegar a la zona del Cajel. A partir de aquí empujamos las bicicletas hasta dejarlas en lugar relativamente seguro. Y con las bicis aparcadas iniciamos la remontada del río por el Cajel hasta llegar a la poza, destino de nuestro viaje y aventura.

Un kilómetro de senderismo y barranquismo, pasando por el lecho del río. En esta parte no hay otra opción, las profundas gargantas de piedra y aglomerado no dejan más que el sendero del lecho. Y por el lecho discurre agua, así que nos fuimos mojando, hasta la cintura en algunos sitios, hasta ascender a la poza.

Nos dimos un baño refrescante, con salto desde las piedras cercanas. El comunitario @clemente intentó saltar desde más arriba pero finalmente, tras mucho pensárselo, puso una serie de excusas y se rajó vilmente.

Hicimos la foto de grupo en la charca y partimos de regreso a las bicis. Volviendo a disfrutar de estas gargantas altísimas, horadadas por el paso del agua durante millones de años.

Las bicicletas seguían intactas en el lugar donde las aparcamos. Nos pusimos los cascos, guantes, gafas y ¡A volver a rodar! Los primeros metros andando y empujando las bicis y luego montados siempre buscando el sendero.

Fuimos regresando y cruzando la zona con más vegetación, cercana a la carretera, donde metimos las bicis por el agua del cauce. Cogimos la carretera y tomamos dirección de regreso a Fortuna. El sol empezaba a ser abrasador e íbamos sin agua. Afortunadamente paramos en un bar de la zona que estaba abierto y lo dejamos sin existencias de agua.

Llegamos a Fortuna con 53 km y unos 700 metros de desnivel acumulado subiendo. Haciendo una ruta estupenda, de las habituales en la Comunidad, con una parte de diversión, otra de aventura y otra de pacedimiento. Como siempre decimos, para disfrutar de las bonitas zonas de nuestro entorno a veces hay que padecer un poco, pero siempre merece la pena.

Nos tomamos un refrigerio en Fortuna y disfrutamos de la grata compañía de nuestros queridos comunitarios, a los que siempre agradezco que participen en las rutas y nos acompañen.

De vuestro comunitario presidente Alonso.

 

  • Fotos de la ruta MTB: