Mañana de Domingo, fresca y airosa.

Sobre las 10:00 h,  me reúno con nuestra comunitaria Laura para dar un paseo por la zona de El Relojero. La subida ha sido bastante tranquila y muy silenciosa, aunque muy incómoda para Laura, pues estaba muy acatarrada y  apenas podía hablar y respirar, debido a la gran cantidad de mucosidad que acompañaba a la joven chica.

Mientras íbamos subiendo, me llamó mucho la atención que Laura no paraba de saludar a casi todo el mundo, algo nuevo para mí, hasta que me percaté que a unos saludaba y a otros no, por lo que le dije: – Laura, ¿Por qué saludas a unas personas y a otras no? Con lo que me respondió: a la gente que me mira le saludo, a los que no me miran, no.

Bravo!

Llegamos a la explanada El Relojero y decidimos hacer el ascenso a las antenas y así, terminaríamos la ruta por la puerta grande, pero a mitad de subida, Laura se para en seco, casi provocando un accidente y dice: Yo no puedo más, vamos a bajar a comerme el plátano.

Volvimos a la explanada y allí la joven Laura, se avitualló de su plátano (no sabemos si de Canarias o de Perú) y aprovechamos para grabar unas secuencias, hacer fotos y reírnos un poco.

Comenzamos el descenso de El Relojero y le propongo a Laura, bajar por el asfalto en vez de bajar por el Sequén, pues hoy Domingo, es un día muy transitado en esa zona por senderistas, ciclistas abuelas… Su respuesta fue un NO rotundo. Intenté negociar con ella, pero no hubo manera, su cabeza estaba tan cerrada como una caja fuerte, de cualquier joyería, de cualquier Gran Vía, de cualquier ciudad.

Ella decía: Ya verás como no va haber tráfico y yo le decía: Ya verás como sí

Al final, solo bastaron 2 km para darme la razón, pues tal y como yo había manifestado, el Sequén era un no parar de obstáculos, gentes, niños, abuelos, payasos, ovnis, etc….

Una vez regresamos a la La Alberca, nos despedimos, pues ella se iba para Murcia y yo para Alcantarilla.

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